Cómo dejar de procrastinar

por Sep 20, 2022Performance

La procrastinación es una experiencia prácticamente universal.

Ya sabes cómo funciona. Te sirves tu taza de café, te sientas a trabajar pero simplemente no puedes empezar.

Es como si hubiera una especie de campo de fuerza que te impide ser productivo.

Es uno de los peores sentimientos. Estás procrastinando y sabes que cada segundo que pasa es más tiempo perdido.

Ves las horas pasar pero sigues procrastinando y no puedes parar. Tu cerebro entra en pánico, como atrapado en un cuerpo que se niega a ser productivo.

Por dentro estás gritando pero por fuera solo estás comiendo papitas.

En este artículo veremos por qué procrastinamos, pero sobre todo, cómo podemos dejar de hacerlo.

¿Por qué procrastinamos?

En general, hay dos razones por las cuales procrastinamos:

a) Descuento temporal

Los humanos tendemos a menospreciar una recompensa si tardará mucho en llegar y a sobrevaluarla si llega pronto.

Este fenómeno se conoce como “descuento temporal” o “descuento hiperbólico”.

Veamos un ejemplo. Supongamos que te ofrezco alguna de las siguientes dos opciones:

  1. $100 hoy, o
  2. $110 dentro de un mes.

La mayoría de las personas seleccionarían la opción 1. Prefieren tener el dinero hoy, que tener un poco más dentro de un mes.

Cambiemos ligeramente el escenario. ¿Qué pasa si te ofrezco lo siguiente?:

  1. $100 dentro de 1 año, o
  2. $110 dentro de 1 año + 1 mes.

De repente, empiezas a pensar: “Bueno, si puedo esperar 12 meses, también puedo esperar 13 meses para una recompensa mayor.”

En ambos ejemplos las recompensas son las mismas y la diferencia en los plazos es de un mes. ¿Por qué de repente estás dispuesto a esperar ese mes extra?

Porque tendemos a darle más valor a las recompensas que están en el presente.

Es por eso que ver redes sociales, una serie o salir con amigos son cosas que se perciben como más valiosas que trabajar en un proyecto importante. Aunque la recompensa de ese proyecto sea mucho mayor, se hará realidad muy lejos en el futuro.

Percepción del valor de las cosas a lo largo del tiempo

b) Emociones fuertes

Además del descuento temporal, muchas personas tendemos a procrastinar para evitar emociones negativas intensas.

Esta respuesta, además, se intensifica en periodos de mucha incertidumbre. Cuando te sientes exhausto por tu trabajo, tareas sencillas como contestar emails pueden parecer abrumadoras.

Supongamos que tienes que hacer un reporte para un cliente. Si este cliente en particular es una persona desagradable, seguramente tendrás menos motivación para hacer su reporte.

Otro tipo de emociones que suelen causar procrastinación son el aburrimiento o la ansiedad. Si la tarea te parece aburrida, te vas a distraer con cualquier otra cosa. Si la tarea parece muy compleja o tienes mucha presión para desempeñarla bien, puede causar tanta ansiedad que prefieras dejarla de lado.


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Esas son las razones principales que causan procrastinación. Dicho esto, ¿cómo podemos contrarrestarla?

Paso 1: Atrápate procrastinando

El primer paso es identificar qué está causando tu procrastinación.

Sé que suena obvio (incluso condescendiente), pero muchas veces esta es la parte más difícil.

Rara vez estamos presentes en el momento, conscientes de nuestros pensamientos.

Esto se conoce como mindfulness. Es la intención de estar presente en el aquí y el ahora, completamente enfocado en lo que sea que está sucediendo.

Apenas estamos empezando y ya empiezo a sonar como un yogi, pero cada vez hay más datos duros sobre los beneficios del mindfulness. Por ejemplo, el Dr. Jha demostró en 2007 que el entrenamiento en mindfulness genera mayor actividad en las áreas del cerebro asociadas al control cognitivo.

Y esa es la clave. El mindfulness se puede entrenar, usualmente con una práctica de meditación de no más de 10 minutos al día.

Que, por cierto, no tiene por qué tener ninguna connotación religiosa o espiritual. Personalmente, yo practico meditación diariamente con un enfoque 100% dirigido a mi desempeño mental. Si te interesa la parte espiritual, puedes aprovecharlo de esa manera también.

Cuando desarrollas la habilidad de estar presente en el momento, identificas más eficientemente la razón de tu procrastinación. A partir de ahí, podemos empezar a trabajar.

Paso 2: Define tu mejor estrategia

Dependiendo de lo que hayas encontrado en el paso anterior, hay diferentes estrategias que puedes implementar. Aquí están las principales:

A. Si estás distraído con cosas que no valen la pena, o si no puedes empezar por emociones fuertes

El mindfulness sirve muy bien para saber qué está pasando en tu cabeza. Pero en realidad es una herramienta mucho más poderosa de lo que parece.

Muchas veces, solo saber por qué estás procrastinando es suficiente para dejar de hacerlo.

Judson Brewer, en su Ted Talk “A simple way to break a habit” habla de un estudio que hicieron con fumadores.

Los participantes del estudio tenían una sola instrucción: Cada que quisieran un cigarro, observar de dónde venía su deseo de fumar. Nada más.

¿Se les pidió que hicieran un esfuerzo por dejar de fumar? No, solo observar.

Este simple hábito tuvo resultados espectaculares en sus hábitos de fumar. Resulta que se daban cuenta que rara vez querían un cigarro en realidad. Simplemente estaban ansiosos, cansados o irritables, y estaban esperando que el cigarro los hiciera sentir mejor.

Tomarse ese momento para observar fue suficiente para que muchos de los participantes del estudio dejaran de fumar. Recuerda, nadie les pidió que dejaran el cigarro. Simplemente que fueran conscientes de qué estaba pasando en su mente y su cuerpo.

De la misma manera, puedes empezar a observar qué pasa en tu mente y tu cuerpo cuando no quieres hacer tus deberes.

No tienes que juzgar, sentirte culpable o forzarte a hacer el trabajo. Eso rara vez funciona. Lo único que tienes que hacer es observar. Ser consciente.

Cuando empecé a hacer esto, descubrí que casi siempre podía identificar la causa de mi procrastinación. Quizá estaba cansado, quizá sentía que tenía una tarea imposible frente a mí, o tal vez quería ir a ver el siguiente episodio de The Wire.

Usualmente me permitía darme cuenta que no tenía buenas razones para dejar de hacer el trabajo.

Podía descansar unos 5 minutos, descomponer la tarea en pequeños componentes o simplemente decidir que no era momento de ver mi serie.

Esto por sí solo es muy poderoso. Si observas la razón de tu procrastinación y puedes simplemente empezar a trabajar, hazlo. No te compliques con novedosas estrategias o “hacks” cerebrales.

B. Si la tarea parece muy compleja / abrumadora

Muchos de nosotros procrastinamos cuando la tarea parece muy grande, compleja o abrumadora.

El doctor Timothy Pychyl de la Universidad de Carleton realizó una serie de estudios, donde los participantes recibirían mensajes de forma aleatoria durante una o dos semanas.

Cada que los localizaban, les preguntaban cosas como: «¿Qué estás haciendo en este momento?», «¿Deberías estar haciendo otra cosa?», «¿Cómo te sientes en este momento?»

También se les pedía que calificaran del 1-10 qué tan estresante era la tarea que estaban procrastinando.

Como era de esperar, los días lunes los participantes decían cosas como: «Lo haré después. Trabajo mejor bajo presión.» Y como era de esperar también, los días viernes ninguno de los participantes decía: «Me alegro de haber esperado hasta hoy. Trabajo mejor así.»

Lo que sí fue sorprendente fue que los días lunes calificaban la tarea procrastinada como “muy estresante”. En cambio, los días viernes, las calificaciones de estrés y dificultad disminuyeron significativamente.

Esto significa que una vez que empiezas la tarea, te das cuenta que no es tan terrible como pensabas. En realidad, la espera antes de empezar era mucho peor.

En su libro, Organízate con eficacia, David Allen habla sobre descubrir la PRÓXIMA ACCIÓN. Identifica la acción específica que debes tomar para completar tu tarea y simplemente hazla. No es necesario pensar en la tarea entera.

No importa cuán pequeña sea esta acción: una llamada telefónica, un mensaje, una oración, etc. De hecho, mientras más pequeña sea, será menos intimidante.

Supongamos, por ejemplo, que tienes que hacer una presentación para un cliente importante. ¿Cómo te hace sentir? Piensa en toda la presión, todo el trabajo que involucra. Suena bastante mal, ¿no?

Ahora, quita tu atención de la presentación entera y enfócate en la acción específica que sigue en este momento. Quizá lo siguiente que tienes que hacer es decidir el título de la presentación. Escribir un título no suena tan mal, ¿o sí? Pues enfócate en eso y hazlo.

Cuando tu mente siente que algo es «realizable» o «alcanzable», tu energía y tu motivación aumenta. Entonces busca la siguiente acción más sencilla que puedas y empieza con eso. Un paso a la vez.

Una vez que empiezas a trabajar, te das cuenta que la tarea no era tan abrumadora como parecía y es probable que sigas trabajando durante un buen rato.

C. Si iniciaste la tarea pero te estás distrayendo

Si empezaste a trabajar (usando la técnica anterior o cualquier otra), pero no puedes mantener la concentración durante largos periodos de tiempo, tienes que aprender a realizar trabajo profundo.

Steven Kotler, autor de The Rise of Superman, habla de algo llamado estado de flujo.

Es el estado óptimo de cognición en el que estás completamente enfocado en la actividad del momento. Es el momento de mejor desempeño físico y mental. Tu cerebro está realizando una actividad retadora pero no imposible.

Veamos si reconoces este escenario. Llevas horas escribiendo, tomando fotografías, jugando videojuegos, tocando música o cualquier otra actividad y no te has enterado de cuánto tiempo ha pasado. Estás completamente enfocado hasta que—de repente—tienes que ir al baño y caes en la cuenta de que ya se hizo de noche. Si te sonó familiar, entonces conoces el estado de flujo.

La gente suele entrar en estado de flujo en momentos de alto riesgo. Por ejemplo, un salto en un deporte extremo, o simplemente que se aproxima la fecha límite para entregar el proyecto.

 Sin embargo, el estado de flujo puede ser inducido artificialmente.

Para entender cómo forzarlo, tienes que entender las 4 partes del estado de flujo según Kotler.

  • Fase de esfuerzo: Estás enfocándote conscientemente en una tarea retadora.
  • Fase de liberación: Tu mente empieza a desconectarse del problema poco a poco.
  • Estado de flujo: Después del esfuerzo para enfocarte y después de que tu mente se aleje, esta vuelve al problema. Tu cerebro empieza a liberar hormonas que mejoran el rendimiento (norepinefrina, dopamina, serotonina) y empiezas a trabajar de forma sumamente eficiente.
  • Fase de recuperación: Es como una mini resaca. Los químicos que liberaste durante la etapa de flujo se agotan y tu cuerpo tiene que recuperar sus niveles.

Dicho esto, entrar al estado de flujo no es necesariamente fácil. Para mí, usualmente significa forzar la actividad durante suficiente tiempo hasta que se induzca el flujo. Y esto no funciona siempre.

Veamos algunos pasos prácticos para inducir el estado de flujo:

1. Elimina distracciones

Si eres un alcohólico en recuperación y quieres dejar de beber, no guardas un montón de botellas en casa.

De la misma forma, cuando estás tratando de enfocarte, quieres ajustar tu ambiente para promover el enfoque.

Personalmente, mi mayor distractor era el teléfono. Las redes sociales eran extremadamente llamativas, por lo que decidí desinstalar todas las aplicaciones que no me servían. Desde entonces, mi productividad aumentó drásticamente.

Aún sin redes sociales, el teléfono es un gran distractor para mí. Siempre hay algún mensaje de trabajo o algo interesante que investigar. Ahora apago mi teléfono, cierro la puerta y elimino todo tipo de distracciones cuando necesito entrar en flujo.

Así es mucho más fácil enfocarme en lo que tengo que hacer.

El trabajo difícil rara vez va a ser más llamativo que todo el entretenimiento disponible en internet. Las redes sociales están diseñadas para ser adictivas. Literalmente. Han estudiado la mente humana durante décadas para desarrollar el producto más llamativo posible. Entonces tu trabajo normal difícilmente va a ser más atractivo.

Es por eso que tienes que eliminar todas estas distracciones. El trabajo puede ser muy interesante, retador y atractivo cuando no está compitiendo contra una máquina de dopamina como una red social.

2. Agenda tus tareas de manera consistente, idealmente desde el día anterior

El trabajo profundo es retador. Pero hacerlo consistentemente todos los días, en un patrón definido, lo vuelve un poco más automático.

Una buena forma de «automatizar» este comportamiento es hacerlo todos los días, siguiendo el mismo patrón. Después de X actividad, siguen 2 horas de trabajo profundo en Y actividad.

Por ejemplo, yo trato de hacer mi trabajo profundo todos los días, antes que cualquier otro tipo de trabajo. En la mañana cuando me despierto ya sé que hago ejercicio, me baño e inmediatamente después empiezo con 3 periodos de 90 minutos de trabajo profundo. Después puedo contestar emails y otras tareas administrativas.

Puedes hacerlo de manera similar, o puedes contestar emails antes y que ese sea tu señal para iniciar tu trabajo profundo. El punto es que si sigues el mismo patrón todos los días, cada vez se vuelve más automático.

También es importante tener agendadas estas sesiones de trabajo desde el día anterior.

Lo último que quieres hacer es sentarte a trabajar sin saber qué es lo que harás durante el día.

Todas las noches, antes de salir de la oficina, tienes que planear el día siguiente. Esto es excelente para reducir los niveles de estrés, relajarte al llegar a casa y descansar mejor mientras duermes. Tu mente puede realmente descansar durante la noche gracias a que no tienes estrés del día siguiente.

La recomendación es planear las siguientes tres cosas:

  • La única gran cosa que debe hacerse ese día. Esta podría ser una gran tarea, una meta o un proyecto en el que necesitas avanzar (usualmente este es el trabajo profundo).
  • Los hábitos diarios no-negociables: trabajo indispensable diario como hacer 25 contactos de prospección, contestar emails de clientes, u otras cosas como ejercicio, meditación o tiempo con tus personas cercanas.
  • Otras tareas para el día siguiente.

3. Aprende a disfrutar el esfuerzo mismo

En el artículo de La ciencia de la motivación hablé acerca de los mecanismos biológicos que controlan la motivación.

Quizá la conclusión más importante del artículo era la necesidad de encontrar placer en el esfuerzo mismo, en lugar de buscar una recompensa al final.

Tener un objetivo final es importante. Necesitas una meta. Pero pensar en la meta mientras estás realizando esfuerzo no es bueno. Permíteme explicar.

Una de las características del trabajo profundo es que es retador. Para mantener un comportamiento difícil, tienes que recompensar la parte difícil. No recompensar el final.

Por ejemplo, muchos blogs en internet recomiendan comerte un chocolate después de completar una tarea difícil. Eso, a la larga, solo vuelve el trabajo más difícil.

Esto se demostró con un experimento de Stanford en 1973. Los investigadores reunieron a un grupo de niños que les gustaba dibujar solo por el hecho de dibujar. Al iniciar el experimento, les empezaron a dar recompensas cada que dibujaban. Con el tiempo, los niños se acostumbraron a recibir una recompensa y dejaron de dibujar por gusto.

Si tenemos un pico de dopamina (la hormona de la motivación) al final del trabajo, la interpretación cognitiva es que el placer vino 100% de la recompensa. En otras palabras, tu cerebro interpreta que el placer viene de la recompensa. Y, por lo tanto, el trabajo no es placentero en comparación.

Lo que tienes que hacer, en su lugar, es trabajar duro y, mientras lo haces, decidir que disfrutas el esfuerzo mismo.

«Esta es la parte buena. Esta es la parte que me da energía.»

Si lo haces constantemente, tu cerebro aprenderá a liberar dopamina en los momentos de esfuerzo. Si logras crear esa asociación, generarás motivación y placer por el esfuerzo mismo.

4. La alternativa de la nada

«La alternativa del nada» es una técnica para evitar la procrastinación del novelista Raymond Chandler.

Un hábito muy común de los escritores más exitosos de la historia es que todos los días se sientan a escribir X número de páginas. Cada escritor tiene su número, lo importante es la consistencia.

Chandler tenía mucha dificultad para tomar ese hábito, por lo que desarrolló la alternativa del nada. Todos los días se sentaba en su escritorio, y durante 4 horas tenía dos opciones: Escribir o no hacer nada.

No estaba forzándose a escribir. De hecho, si pasaban las 4 horas y no escribía una sola palabra, estaba cumpliendo. No tenía de qué sentirse culpable.

«El escritor no tiene que escribir», decía Chandler. «Y si no tiene ganas, ni siquiera debe intentar escribir. Puede mirar por la ventana, ponerse de cabeza o retorcerse en el suelo, pero no debe hacer ninguna otra cosa positiva. Ni leer, ni escribir cartas, ni mirar una revista, ni escribir cheques. Escribir o nada.»

Este método, claramente se puede adaptar a cualquier tipo de trabajo. Estas serían las reglas:

  1. No tienes que trabajar en tus pendientes
  2. Pero no puedes hacer nada más.

Si utilizas esta técnica, te aseguro que en menos de 20 minutos vas a estar trabajando como si no hubiera un mañana, incluso si no tenías ganas al inicio.

Admito que en las épocas de Chandler era mucho más fácil de implementar. No había teléfonos, redes sociales o email. Como decíamos, elimina las distracciones. Apaga tu wifi o deja tu teléfono fuera de la habitación para evitar tentaciones.


Si implementas esos 4 pasos, vas a ser más productivo que nunca antes en tu vida.

Ahora, me gustaría agregar un detalle importante acerca del trabajo profundo.

Probablemente has escuchado hablar del ciclo circadiano. Es el sistema biológico que controla tu ciclo de sueño y vigilia durante 24 horas. Pero también tienes ciclos biológicos que duran menos de 24 horas. Estos se conocen como ciclos ultradianos.

Nathaniel Kleitman, investigador del sueño de la Universidad de Chicago, descubrió que el cerebro humano funciona en periodos de frecuencia alta (~90 minutos), seguidos de periodos de frecuencia baja (~20 minutos).

Cuando trabajas intensamente, tu cuerpo consume mucha energía cerebral. Después de unos 90 minutos, es necesario un periodo de recuperación antes de reiniciar un esfuerzo intenso.

Por eso la recomendación es agendar tus periodos de trabajo profundo con duración de unos 90 minutos, seguido de 10-30 minutos de descanso entre sí.

En los periodos de descanso, es importante permitir a la mente descomprimirse. Si estás usando tu teléfono durante el descanso, estás bombardeando tu cerebro con mucha información. Necesitas permitirlo descansar. Una meditación, una caminata o una plática ligera con tus compañeros es mucho más recomendable.

Tips adicionales para evitar la procrastinación

Lo anterior son los fundamentos. Ahora veamos cómo fortalecer aún más tu fuerza de voluntad implementando los siguientes consejos:

A. Reduce la cantidad de decisiones que tomas en el día

Cada decisión que tomamos consume energía. El cerebro consta de alrededor del 2% de la masa corporal, pero gasta aproximadamente el 20% de la energía que consumimos al día. Tomar decisiones es muy costoso.

Y todo nuestro día está lleno de decisiones:

  • ¿Debo ir al gym hoy o mejor mañana?
  • ¿Me dedico a este proyecto en este momento o al rato?
  • ¿Qué me pondré hoy?
  • ¿Qué voy a comer hoy?

Todas estas pequeñas (o no tan pequeñas) decisiones se van acumulando a lo largo del día y el consumo de energía aumenta. Esto nos deja con menos energía para tomar la decisión correcta cuando nos enfrentamos con la posibilidad de procrastinar:

«¿Empiezo este proyecto importante hoy, o lo dejo para la próxima semana?»

Si estás mentalmente agotado, probablemente vas a procrastinar.

Es por eso que te recomiendo reducir el número de decisiones que tomas durante el día. Por ejemplo, define una rutina de ejercicio para que sepas exactamente qué ejercicio harás, qué días y a qué hora. Así, tomas esta decisión importante una vez, y el resto de los días simplemente ejecutas.

Para las decisiones que tienes que tomar diariamente, lo ideal es decidir el día anterior. Por ejemplo, decide qué ropa usarás la noche anterior. A esta hora ya terminaste tu trabajo y dedicaste tu energía a las decisiones importantes del día. En este momento, puedes usar la energía restante para este tipo de decisiones que no son tan importantes. Si lo haces al iniciar el día por la mañana, estarás malgastando tu energía mental antes de iniciar tu día de trabajo.

B. Haz ejercicio para aumentar tu fuerza de voluntad

El ejercicio te ayuda a aumentar tu fuerza de voluntad para tener un mejor control de la procrastinación.

Está comprobado que hacer ejercicio aumenta los niveles de FNDC (Factor neurotrófico derivado del cerebro). Este es una proteína que promueve el crecimiento y proliferación de las neuronas en el hipocampo.

Aunque un poco de ejercicio no va a generarte un nuevo hipocampo entero, sí va a estimular el flujo sanguíneo al cerebro. Así tendrás más oxígeno y un mejor desempeño.

Cuando el cerebro tiene un mejor desempeño, tienes más control de tus impulsos y puedes rendir mejor en el trabajo.

¿Procrastinar puede ser bueno?

En general, hay dos tipos de trabajo. El trabajo de procedimiento y el trabajo creativo.

Los hábitos y las herramientas que acabamos de ver pueden ayudarte a ejecutar mejor todo el trabajo de procedimiento. Y, honestamente, la mayoría del trabajo es de este tipo, incluso si trabajas en una industria creativa.

Pero, ¿qué pasa cuando estás procrastinando trabajo creativo?

¿Qué pasa cuando tienes que generar buenas ideas?

Creo que a todos nos ha pasado que nuestras mejores ideas llegan cuando estamos en la regadera. No es que haya algo especial acerca de lavarnos. Más bien, el hecho de estar aislados en una habitación silenciosa, sin distracciones externas nos permite generar estas nuevas ideas.

Salvador Dalí era famoso por su estrategia para generar nuevas ideas. Se sentaba solo, sin hacer nada y sosteniendo una cuchara en la mano de tal forma que se cayera cuando se durmiera. El ruido de la cuchara al caer lo despertaba e inmediatamente escribía lo que estuviera pensando.

Supuestamente, Charles Darwin generaba sus mejores ideas en su caminata matutina. Y se dice que Albert Einstein tuvo uno de sus insights más importantes acerca del comportamiento de la luz cuando estaba solo, remando en un bote en medio del lago Geneva.

El factor común es que estas personas no estaban haciendo mucho. Estaban relajados y sin distracciones cuando tenían sus mejores ideas. ¿Qué está pasando aquí?

Barbara Oakley, profesora de ingeniería de la Universidad de Oakland, tiene una buena explicación. Dice que el cerebro puede estar en dos modalidades diferentes: una modalidad enfocada y una difusa.

Cuando estamos en el modo de enfoque, seguimos un proceso de pensamiento lineal, lo que nos permite actuar eficazmente en tareas conocidas.

Por otro lado, el modo difuso nos permite usar más partes del cerebro de manera más holgada. Así podemos hacer asociaciones entre cosas que parecen no tener relación alguna y generar nuevas ideas.

Entonces, para llevar a cabo trabajo creativo debes tomarte un descanso, libre de distracciones e, idealmente, aislado de otras personas.


Al final del día, dejar de procrastinar es como un músculo que se puede entrenar.

En la medida en que practiques todos los consejos que hemos cubierto, más automáticos serán la próxima vez. Podemos volvernos buenos en dejar de procrastinar, pero tenemos que practicarlo cuando somos malos y es difícil. Como si estuvieras aprendiendo a tocar un instrumento nuevo.

Poniendo en práctica los dos pasos que vimos en este artículo, más los tips adicionales, te vuelves mejor. Cada que practicas mindfulness o entras en flujo te estás entrenando para volverlo a hacer en el futuro. Se vuelve un hábito inconsciente.

Cuando llega el momento, es muy importante tomar el tipo de descanso correcto. Si estás consumiendo redes sociales o televisión  en tus descansos, tu cerebro no descansa correctamente. Y se vuelve más difícil entrar en estado de flujo más adelante.

Los descansos deben ser una verdadera pausa para la mente. La meditación es una excelente forma de descansar. Además, al mismo tiempo entrenas tu capacidad de mindfulness.

Si te interesa dejar de procrastinar porque estás tratando de hacer crecer tu empresa y quieres ayuda de expertos, acércate a nosotros.

Existe un proceso de aplicación para trabajar con nosotros. Tienes que llenar un cuestionario y después tomar una sesión de estrategia en la que analizaremos tu empresa y decidiremos si hacemos buen fit. Inicia el proceso de aplicación dando click aquí.

Espero que hayas disfrutado esta información y sobre todo, que te sea útil en tu empresa. Comenta cualquier duda que tengas y qué opinas de estas estrategias, ¿te han funcionado?

Espero verte en el próximo.

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3 Comentarios

  1. Ricardo

    ¡Gracias por visitarnos y leer nuestro artículo! Espero que lo hayas disfrutado.

    Siéntete libre de comentar si tienes alguna pregunta. Haré todo lo posible por revisar y responder a todos los comentarios en el blog, entonces no seas tímid@.

    Ah, y si te gusta lo que estamos escribiendo, suscríbete a nuestra newsletter. Obtendrás increíbles consejos de marketing, ventas y administración de empresas basados en años de experiencia y de implementarlo en cientos de empresas creativas.

    Tu información está segura. No compartimos, vendemos ni rentamos nuestras listas.

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  2. Gustavo Cediilo

    No cabe duda que con estos consejos nos ayudan a poner más empeño tanto en lo personal como en lo productivo de nuestras empresas, muchas gracias x estás lecturas motivacionales.

    Responder
    • Ricardo

      Gracias por el comentario y mucho éxito! Ojalá te sirva

      Responder

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